ENSAYO "NAZIFASCISTA"
ESCRITO POR UN "INTOLERANTE"
CONTRA UNA GUERRA "HUMANITÁRIA", "DEMOCRÁTICA" Y "NECESARIA".
Tercera pregunta del catecismo: Preguntamos como en su día hizo Tomás de Aquino, el angélico doctor: ¿Cuál es el motor inmovil y causa incausada de todo lo que ocurre?
Para el más grande teólogo occidental de todos los tiempos, el motor inmóvil y causa incausada era obviamente Dios, que por ser Dios era invisible y no captable a través de los sentidos, motivo por el cual era necesaria la fe para acceder a su conocimiento.
El motor inmóvil y causa incausada del rebrote del conflicto balcánico, no es un Dios invisible, sino un Dios auténtico, visible, real: Alemania.
La Alemania reunificada, ha ganado la II Guerra Mundial con algo más de cinco décadas de retraso. El mapa que en su día dibujo Heinrich Himmler, en las famosas reuniones del Lago Wansee, en las que se programaron los límites del "lebensraum" alemán se está realizando ahora. Coja el lector y abra un mapa histórico: la Unión Soviética desaparecida, Bielorusia y Ucrania, que durante mucho tiempo han tenido crecimiento económico negativo y están siendo colonizadas por empresas alemanas, a través de las pequeñas pero influyentes minorías germánicas que allí existen. Por el camino se ha fracturado la República Checoeslovaca, y Bohemia y Moravia de un lado y Eslovaquia de otro, se han convertido en lands de segunda fila de la prepotente República Federal, de la misma manera que Hungría. Y hacia el sudoeste se han abierto camino hasta el Mediterráneo a través de Austria, Croacia y Eslovenia.
Algún lector malintencionado podría decir, no sin ironía, que Himmler y Monseñor Tisso tenían un buen fin, pero escogieron un camino equivocado; quien no ha escogido ningún camino equivocado ha sido el nuevo lobby político-económico alemán, encarnado en la figura de Helmuth Kohl quien, reconoció internacionalmente a las Repúblicas de Croacia y Eslovenia de forma unilateral, fracturando así la compleja ingeniería política de la vieja Federación Yugoslava en 1991.
El periodista Wladimir Stankovic, corresponsal en Barcelona de la revista opositora al régimen de Milosevic, el celebre semanario Vreme, dice lo que sigue en el artículo titulado "Razones Serbias", que se publicó en El Periódico, el miércoles 7 de Abril de 1999:
"Puede parecer imposible pero (algunos) serbios y (algunos) albaneses tienen algo en común: el destino. Me refiero, concretamente, a los serbios de Croacia y a los albaneses de Kosovo. Los dos pueblos cayeron en la misma trampa y los dos lo han pagado (los albaneses lo siguen pagando) muy caro.
La primera similitud es que los dos vivían, como minoría, en dos repúblicas de la antigua Yugoslavia. Los serbios constituían el 12% de la población de Croacia; los albanokosovares, entre el 15% y el 20% de Serbia (y no hay datos muy precisos debido al masivo boicot del último censo oficial de 1991). Los serbios de Croacia se consideraban un pueblo constitucional de la República de Croacia (así estaba escrito en la Constitución croata), mientras que los albaneses disfrutaban de una amplia autonomía, otorgada por Tito con los cambios constitucionales de 1974 que, en verdad, permitían a Kosovo y a Vojvodina, dos regiones de Serbia, tener los derechos y poderes que les igualaban con las otras seis repúblicas de la entonces federal Yugoslavia.
Una de las primeras cosas que hizo Milosevic una vez en el poder en Serbia (1987) fue retirar, en 1989, la autonomía de 1974 a Kosovo. En 1991, su homólogo y compañero en obras balcánicas en Croacia, Franjo Tudjman, tras ganar las elecciones, no tardó en cambiar el primer artículo de la Constitución donde decía que "Croacia es el Estado del pueblo croata, serbio y los demás". Los serbios desaparecieron y se convirtieron en "los demás".
Ahora empiezan las diferencias, pero sólo temporales. Los serbios, firmemente empujados por el mismo Milosevic, sus líderes locales y el creciente nacionalismo serbio eligieron en 1991, como modo de protesta, las armas. En Krajina, donde eran mayoría, levantaron barricadas, cortaron carreteras y organizaron grupos militares y paramilitares ocupando su propio territorio, soñando unirse con la madre Serbia a través de territorios serbios de Bosnia. El sueño duró unos cuatro años. Con el tiempo, el Ejército croata creció y en agosto de 1995 se produjo la operación tormenta con los ojos cerrados de la misma comunidad internacional que hoy, con razón, grita consternada por el drama de los albanokosovares.
En tres días, el Ejército croata borró del mapa de su Estado todo lo que era serbio. Colas de 300 kilómetros de más de 300.000 refugiados en sus tractores, coches, con sus caballos y vacas, con los niños, mujeres y ancianos, viajaban hacia Serbia, donde están hoy mismo (algunos en el mismo Kosovo), unidos con 400.000 más que huyeron de Eslovenia y de parte de Bosnia, que quedó en manos de musulmanes y croatas. Detrás de ellos quedó la tierra quemada (algo que parece que ahora practican las tropas serbias en Kosovo) en prevención de posibles retornos si algún día alguien obliga a Croacia a recibirles. Croacia quedó étnicamente limpia, pero entonces no se llamó así a esa operación y la llamada comunidad internacional no se preocupó demasiado. Levanto un dedo y amenazó a los croatas con un "no, no"; ellos prometieron "nunca más" (porque ya no tenían motivos) y se acabó todo.
Los albanokosovares eligieron otra táctica, la de la resistencia pasiva. Callaron durante las guerras en Eslovenia, Croacia y Bosnia sabiendo que no llamarían la atención internacional mientras duraran los otros conflictos. Pero se prepararon. Los grupos terroristas, con el apoyo de la madre Albania y sus protectores, se convirtieron en el Ejército de Liberación de Kosovo (UCK), listo para empezar la guerra de independencia. Empujados cada día más, los albaneses se levantaron (febrero de 1998) en una clásica rebeldía con actividades que obtenían respuestas serbias.
En una situación ya insoportable y difícil de corregir, la comunidad internacional inventó Rambouillet y el famoso acuerdo de paz, que en verdad era un ultimátum dictado por los americanos. Muchos analistas han reconocido que ningún Estado serio podría aceptar este chantaje. ¿Puede imaginar alguien aquí a los americanos decidiendo qué tipo y grado de autonomía deben tener Catalunya, País Vasco o Galicia y diciendo que después de unos años se tomará una nueva decisión "teniendo en cuenta la voluntad de los pueblos de estas comunidades" si no hay acuerdo (con el Estado español) sobre el tema?
Ahora estamos en una guerra terrible (que puede ser aún peor), con un nuevo éxodo de un pueblo engañado al que se hace creer que será protegido, empujado a caer en una trampa por los intereses políticos, sobre todo de la OTAN, cuyos generales se sienten muy desaprovechados, casi en el paro, desde la desaparición del Pacto de Varsovia con un Estado soberano bombardeado durante 14 días, con un país destruido y con un pueblo unido más que nunca. Estos son los resultados de la intervención humanitaria.
Me sorprende muchísimo que ahora algunos altos cargos reconozcan públicamente que no esperaban una "respuesta serbia tan dura, una venganza brutal sobre el pueblo albanés". Señores, la previsión forma parte de su trabajo. Los miles de consejeros, analistas, conocedores y expertos han fallado gravemente y cuanto antes lo reconozcan será mejor para ellos y para el pueblo albanés, sacrificado como un conejo. Ahora lo único que se oye es: "El culpable es Milosevic". Si señores, es culpable por muchas cosas pero de este desastre doble la culpa es directamente de ustedes. Cabe la pregunta: ¿cuántos refugiados había antes del 24 de Marzo cuando la OTAN empezó su acción humanitaria?.
Finalmente, no puedo evitar una reflexión: Milosevic (y con él todo un país, donde los serbios son sólo el 66% de la población) paga ahora por sus errores y desafíos del pasado. Es como el pastor mentiroso: se quedó no sólo sin comprensión, sino como más culpable que nunca en la única vez que tenía razón."
Argumentos no muy distintos a los de este opositor al régimen de Milosevic, han sido sostenidos por una amplia gama de historiadores y periodistas; sería bueno recordar la intervención en este programa especial en TV3 que hizo el profesor Veiga (que es uno de los mejores historiadores de la zona y al que por cierto dejaron hablar muy poco).
Hace falta pues que se diga en voz alta y clara: siguiendo con el ejemplo tomista, Alemania es causa incausada y motor inmóvil de esta última crisis que empezó a finales de los 80 y tomó cuerpo con la declaración unilateral por parte croata y eslovena. Y es lógico que Alemania desee tener ahora esta victoria, le sobran razones, no sólo económicas sino también políticas y militares: la Alemania reunificada necesita quitarse como sea dos sombras que la persiguen día y noche: Stalingrado y los Balcanes. Los que deseamos conservar la memoria histórica lo sabemos muy bien: difícilmente ahora estaríamos cómodamente escribiendo estas líneas si los soldados del ejercito rojo, o los partisanos de Tito no hubieran ganado una guerra por nosotros.
Fue esencialmente en el frente del Este y en los Balcanes donde el ejercito alemán fue derrotado sin paliativos sin ayuda exterior o con muy poca. Se repitió la historia del viejo rey Pedro, montado en su caballo: los guerrilleros yugoslavos sabían muy bien porqué luchaban y contra quien y se comprometieron todos en no dejar jamás ni un solo herido en manos del enemigo; esto dio una extraordinaria moral de combate , y por este motivo ya en momentos tempranos las divisiones de la Wermacht encontraron su Vietnam en los Balcanes. Parece como si la historia quisiera repetirse.
Pero hay más: Alemania necesita como sea arrancar de sí una pesadilla que la persigue : La sombra del campo de exterminio de Jansenovak. Este campo de concentración fue el lugar donde los ustachas croatas, liderados por Ante Palevic –que por cierto pasó tiempo exiliado en Madrid, protegido por Franco, si no nos falla la memoria- se cometieron las peores atrocidades contra los serbios en particular, que eran obligados a convertirse al catolicismo para así ser exterminados en gracia de Dios.
Pero esto no se hacía de forma limpia y elegante, si es que lo que explica Primo Levi lo fue alguna vez: los ustachas se caracterizaron por aplicar métodos de una extraordinaria crueldad contra sus prisioneros como era quitarles los ojos con cucharillas, hacer apuestas entre ellos a ver quien mataba más prisioneros de propia mano en una hora, o lo que es peor, aserrar a sus víctimas, bien transversalmente, bien longitudinalmente colgados por los pies, y llegaron a la conclusión de que con este último método sufrían más porque vivían más tiempo. La historia del exterminio no acaba pues en Auschwitz: los mismos SS.SS., llegaron a hacer informes en los que se quejaban de la excesiva crueldad que se utilizaba contra los prisioneros por parte de los ustachas croatas.
Olvidar el papel fundamental que Alemania tuvo, ha tenido y sigue teniendo en la crisis balcánica, y no hacer relevante para los no informados su importancia, no sólo es antihistórico y anticientífico, sino también inmoral.
Cuarta pregunta del catecismo: ¿Es esto una guerra, o no?